Mariano Sánchez Martínez, Pilar Díaz Conde y Candela Guirao Pyñeiro

Área de Proyectos de OFECUM

Lo evidente y lo visible

Es evidente: desde que nacemos y empezamos a relacionarnos con nuestros padres ya estamos en un entorno intergeneracional. Ahora bien, cuando nos paramos a pensar si mantenemos, de manera continuada, relaciones intergeneracionales con personas externas al ámbito familiar, muchos de nosotros tenemos que admitir no. Y esto también parece evidente: fuera de nuestra familia tendemos a relacionarnos con personas de nuestra misma generación, lo que viene a querer decir que nuestra red de relaciones incluye, sobre todo, a personas de edades y/o situaciones vitales muy cercanas a la nuestra. Hasta aquí, parece que todo es evidente.

Los denominados programas intergeneracionales, desde hace ya más de tres décadas, están demostrando que, más allá de lo evidente hay que hacer visible algo que aún no lo es: las relaciones intergeneracionales encierran un enorme potencial para la satisfacción de necesidades individuales y sociales, así como para el desarrollo de nuestras comunidades y sociedades.

¿Intergeneracionalidad en las aulas?

En las aulas escolares se nos hace coincidir con niños y niñas de nuestra misma edad, que se encuentran en momentos similares en su proceso de desarrollo como personas. Y esto marca mucho. Pasamos los años de educación obligatoria en un contexto de fragmentación por edades. La relación con otros niños, mayores o menores que nosotros, es escasa; están en nuestra misma escuela, en el aula de al lado, en el piso de arriba o de abajo, pero interaccionamos poco con ellos. Casi toda la intergeneracionalidad escolar queda condensada en la relación entre los niños y su maestro/a, que más que una persona adulta o mayor, de otra generación, suele ser percibido por los niños como quien dirige sus actividades en el aula. La presencia habitual en el colegio de personas adultas o mayores distintas a los maestros/as es prácticamente inexistente.

Nacemos y nos hacemos personas en contextos intergeneracionales aunque, por otro lado, vivamos en un orden social que tiende a clasificar y a separar a la gente por grupos de edad –ni siquiera por generaciones-. Y, por lo general, no hemos sido educados para ver la intergeneracionalidad que nos rodea; el criterio de intergeneracionalidad no se ha introducido en la educación, ni en la formal ni en el resto de educaciones. Hace años podríamos haber dicho algo parecido con la cuestión de la separación por género: “los niños con los niños, y las niñas con las niñas”. Pero esta fragmentación parece que poco a poco, y con gran esfuerzo, se va superando. La otra, la fragmentación por edades, sigue siendo una asignatura pendiente.

¿Para qué sirven los programas intergeneracionales?

Los programas intergeneracionales son instrumentos para combatir esta última fragmentación. Se originaron en Estados Unidos en los años setenta del siglo pasado como reacción ante las consecuencias negativas del conflicto intergeneracional que irrumpió con fuerza en ese momento, resultante de actitudes, creencias y comportamientos en un contexto de crisis económica, descenso de la natalidad y alargamiento de la esperanza de vida. Han transcurrido ya más de tres décadas desde entonces pero los programas intergeneracionales no han cesado. Bien al contrario, su desarrollo ha sido imparable: han demostrado que un intercambio continuado, y adecuadamente planificado, entre personas de distintas generaciones puede traer consigo claros beneficios para el bienestar de personas y de grupos.

Los programas intergeneracionales, donde quiera que se han puesto en marcha, han aportado algo aún hoy muy deficitario en la sociedad española, con todas las excepciones que haya que hacer al respecto: nos faltan oportunidades, espacios y actividades donde las relaciones intergeneracionales –familiares y, sobre todo, extrafamiliares- constituyan un medio natural para satisfacer nuestras necesidades y las de otros. Hay muchas personas mayores a las que les gustaría relacionarse con niños y/o con jóvenes, pero que no saben dónde ni cómo; y algo similar ocurre con estos últimos. Es más, hay muchas personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de descubrir la importancia que podría tener en sus vidas la introducción de un giro intergeneracional. ¿En qué consiste este giro? En saber sobreponerse a las barreras de todo tipo que impiden que las relaciones intergeneracionales se produzcan con naturalidad; consiste en saber descubrir la intergeneracionalidad allí donde, hasta ahora, no es evidente pero suele estar presente.

Sin embargo, los programas intergeneracionales no son una panacea. No son la solución total a la falta de intergeneracionalidad, ni a los conflictos intergeneracionales, pero constituyen una oportunidad seria para avanzar con éxito en el giro intergeneracional que tanta falta nos hace. Ahora bien, con condiciones: los programas intergeneracionales no son algo trivial. Estos programas no consisten en el mero contacto intergeneracional, que, sin la adecuada planificación, puede hasta llegar a ser contraproducente. Se trata de actividades planificadas, continuadas y sostenibles en el tiempo, y que cuentan con una preparación y evaluación adecuadas. Se centran en el intercambio entre los participantes y se ocupan de problemas y necesidades reales, significativas y concretas. Se basan en un análisis de la realidad y en una adecuada preparación. Su objetivo último es conseguir beneficios para los participantes y, por ende, para la comunidad en la que se realizan. Por ello, se conectan con la comunidad, con sus organizaciones y agentes, y con el marco político de la misma. Todo esto no es fácil, pero es posible.

La experiencia de OFECUM en Granada

La asociación Oferta Cultural de Universitarios Mayores (OFECUM) (www.ofecum.com), ubicada en Granada, está ejecutando en la actualidad varios programas intergeneracionales, gracias al apoyo de la Obra Social Caja Madrid, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Universidad de Granada, la emisora Radio Granada (Cadena SER), el Centro Penitenciario de Albolote y la Asociación Granadina de Emigrantes Retornados (AGER). La mayoría de estos programas se llevan a cabo en tres centros escolares de la ciudad, San José, Gómez Moreno y Cristo de la Yedra, cuyos profesionales y AMPAs se han volcado generosamente en la iniciativa. Entre todos, ya hemos acumulado una experiencia de tres años en el diseño y puesta en práctica de estos programas; y los resultados obtenidos son alentadores. Cerca de cuarenta personas mayores participan, y centenares de niños y niñas y de familias se están viendo beneficiados.

OFECUM va a colaborar con un grupo de entidades de varios países europeos en la potenciación de los programas intergeneracionales en nuestros centros educativos. Por eso, y por facilitar que las prácticas intergeneracionales se afiancen más en Granada, OFECUM convocó, el pasado día 29 de Junio, a organizaciones e instituciones, públicas y privadas, de toda la provincia, con el fin de proponerles la conveniencia de comenzar a trabajar los programas intergeneracionales en red. La respuesta a esta propuesta fue afirmativa. En consecuencia, esperamos que durante el próximo curso escolar más centros educativos de Granada y más personas de todas las edades puedan unirse y beneficiarse de este apasionante giro intergeneracional. Para más información, contactar con OFECUM: ofecum@ugr.es (Tlfno. 958221736).

Imágenes de algunos programas intergeneracionales de OFECUM en colegios de Granada